Sobre el ver:
El sentido de la vista de los seres vivos cumple su
percepción real de ver algo en concreto siempre
primero en función de sus instintos y, luego, de sus necesidades nuevas o
creadas. Así, ve por mandato condicionante de su instinto sexual a otro
ser vivo de una manera objetiva, lo quiera o no su voluntad o sus decisiones adquiridas.
En el caso de los seres
humanos, no es el sentido de la vista –como erróneamente se piensa– el que más
determina la percepción
de las necesidades creadas, sino el lenguaje del entorno, las
palabras. Sí, el niño, para construir su psicología, no distingue
claramente las imágenes –o no está capacitado para atribuir a las imágenes
ideas muy definidas-, pero
sí a las palabras y a sus tonos –que
quedan bien asociadas–, esto es, desde los primeros días de su nacimiento
distingue la voz de su madre, los ruidos bruscos de los que son armónicos o
afectivos.
También hay que señalar que el
ser humano no es lo que elige; pues el medio y el lenguaje con los cuales se
desarrolla ya
están elegidos. A decir verdad, elige condicionar mucho de su realidad,
pero no
puede restituir otro mucho de su realidad –por la
que se sustenta–.
Nota.- Sobre la intencionalidad del engaño
óptico:
Primero, un ser humano ve objetivamente antes algo de una forma estrictamente física y, luego –donde puede haber engaño–, lo
ve conceptualmente –con una relación equivocada o no de conceptos–. Es decir,
alguien puede hacer que otro vea parte lo que él quiere como, también, puede
hacer que conozca los conceptos –evidentemente por medio de palabras– que él
quiere; sí, eso es, a causa de una inadecuada o mentirosa información.
(Ante un niño de unos meses, cualquier imagen de las que son más horribles no le causa miedo; por el contrario, la brusquedad y el tono del lenguaje externo sí).
(Ante un niño de unos meses, cualquier imagen de las que son más horribles no le causa miedo; por el contrario, la brusquedad y el tono del lenguaje externo sí).