viernes, 9 de septiembre de 2016

La respuesta racional ha de hacerse al cien por cien absoluto a todas las personas; porque, si no, sería el que tú te situaras de antemano en la parte que ya de antemano tiene la razón por uno u otro motivo (corporativismo, haber decidido una formación -pero siendo tú intolerante con la que decide otro en una decisión que necesariamente él vea libre y digna, no tú- o una situación de privilegio que creas, lo que es contrario a la razón). 
Sí, es como creerte (instalando ahí una barrera a la razón) que un paria solo debe responder a parias, un médico a médicos, un biólogo a biólogos, un político a políticos y un educado rico a educados ricos; es como creerte el tener la razón sin racionalizar primero (sin cumplir el proceso racional). Eso es, una concesión social (el ser científico, por ejemplo) no tiene absolutamente nada que ver con la razón, con la formación ni con la verdad a la cual solo le sirve el probar o el buscar irrebatibles razones (que sí requieren de verdad esfuerzos, lo demás nunca).
La respuesta de razón (de pro-razón) o la respuesta de vida (de pro-vida) o de honestidad (pro-honestidad) o de religión-sentido de vida es universal (de pro-tu dios), irrenunciable, ineludible y obligatoria (por sostener ética) en cualquier situación y ante cualquier persona (violenta, no violenta, nos guste, no nos guste, falsa o lista, etc). Sí, porque la razón es condicional por ser (tener tal condición propia o natural en todo momento) como lo es la misma condición por natura, es irrenunciable y, además, no puede ser capacidad de marginación. Es decir, tal condicionalidad debe cumplir: que tal razón se la demuestras a todos o, en verdad, no es razón. Así es. 
La razón (o todo lo limpio que no esté al baile de intereses de poderes sociales) no necesita que la salvemos, ni siquiera con antropocentrismo de academias, ni de dictados de época, ni de ciencia siempre en objetivo error, sino que no la jodamos más con tantos tronos-privilegios-superioridades "cagando" hacia ella. 

miércoles, 13 de julio de 2016

Si tú evidencias, demuestras o te demuestran que alguien hace un mal, tú no puedes (por respeto a la ética o al bien mismo) facilitarle los medios, ¡jamás! 
Si tú evidencias, demuestras o te demuestran que alguien transmite un error, engaña o manipula, tú no puedes facilitarle los medios, ¡así es!
Si tú evidencias, demuestras o te demuestran que alguien prosigue en una sinrazón, tú no puedes facilitarle los medios tenga el poder que tenga y se atribuya por error representar la ciencia que sea, ¡puesto que ésa es tu obligación ética y es lo único que dice en realidad si tú eres educado éticamente, respetas o eres digno de respeto! 

Aclaración:  Sinrazón es todo lo sobreprotegico por muchas cosas (costumbres, instituciones, leyes, corporativismos, poderes, clientelismos, etc.) menos por la razón (que no la acepta). Eso es.

viernes, 13 de mayo de 2016

Sin juicio racional no hay CONCIENCIA;  y, sin conciencia, no hay RESPONSABILIDAD;  y, sin responsabilidad, es absolutamente imposible el RESPETO.  Sí, pues solo la razón (con la ética como parte de ella) te dice sensata, objetiva o imparcialmente el valor de las cosas para que tengas comprensión o conciencia de tal o cual valor;  luego, con tal comprensión, solo eres realmente responsable por cuido no eludido y, por tal cuido o atención o respuesta en uso eficaz (de comprensión),  ya lo respetas. 
Ahí es donde solo existe el respeto, en el cuido en su uso de comprensión; antes de eso, nunca existe.

lunes, 29 de febrero de 2016

Una frase cualquiera solo puede SUPONER que algo es verdad o DEMOSTRAR que es verdad;  mientras que en el suponer todo es irracional, dado a porque sí, creído e impuesto (claro, porque lo irracional es un dictado tuyo, o sea, de ti, decidido por ti, de tu parcialidad y que tú lo impones), ya en el demostrar todo se atiene a solo unas imparciales reglas reales o racionales, y precisamente ahí o las cumples o no, sin más salida. 

martes, 5 de enero de 2016

A voluntad se puede permitir la razón o no:

Cuando se quiere decir la razón (por deseo) hay que estar preparado-predispuesto para decirla (por capacidad). 

Y se está únicamente cuando tú mismo no te pones, de antemano, condiciones o limitaciones (de tabúes, fobias, gustos, costumbres, condescendencias, etc.) para no estar en contra de ella (en negacionismo) o para, en un único camino, decirla;  como lo dice implícitamente todo lo natural (validando y no negando la razón). Sí, pues ya decir la razón es...  el decirla porque atiendes solo al proceso racional sean cuales sean las consecuencias (que han de ser las que la racionalidad ya conlleva), cierto, sin que eso lo tengas tú ya preparado con "tus reglas", "tus inclinaciones emocionales", "tus verdades", "tus condiciones por preferencias-gustos sociales que te mueven", etc. 

En claro, cualquier realidad tiene un solo diagnóstico (o estado). Por ej., siendo un medio vital, de si le falta oxígeno o de si le sobra dióxido de carbono; y eso lo dice la razón, no tus "preparados mentales" (subjetividad) con o sin presiones sociales.

domingo, 13 de septiembre de 2015

La validez racional o ética:

Nada de ti es válido racional o éticamente si amparas una sinrazón para tener una autoridad racional o ética (claro, ya que ética es un reglamento racional, de los varios que hay); así es tal base, tú objetivamente juegas sucio si amparas una sinrazón para tener la razón.

Si tú sigues insistiendo en una sinrazón para tener razón, eso no tiene validez ética aunque tengas cualquier poder de privilegio social de los que hay (poder económico, poder mediático, poder político, poder de poner o de imponer influencias, poder de haber acaparado recursos públicos, etc.), pero considerándose que jamás es un poder (de resultado social) lo que es un recurso propio o tuyo en demostración propia o tuya (inteligencia, sensibilidad a algo, honestidad, sacrificio personal, naturaleza saludable, etc.).

Con tal base, la razón únicamente puedes tenerla con recursos propios, no sirviéndote de los que la sociedad concede según época, ideologías, intereses creados, prejuicios o líneas dominantes.

martes, 7 de julio de 2015

El MÉTODO RACIONAL o la razón solo puede tener: 


- Instrumentos de ordenación o de orientación (nunca de desorden, de caos o de desorientación). 

- Instrumentos de aclaración (nunca de confusión).  

- Instrumentos de situar o de contextualizar lo tratado, siempre en un modelo real (que la referencia sea la realidad).

lunes, 1 de junio de 2015

La inteligencia es voluntad  de lo que hace;   la voluntad es decidir libremente;  decidir es valorar, hacer una valoración propia y proceder con respecto a ella;  valorar es juicio (medir, comparar, lucubrar, indagar y concluir asertivo);  además, la sensatez es un juzgar racional. Por lo tanto, el juzgar -sea cual sea el contexto- es siempre consubstancial a la inteligencia, sí, algo imprescindible e inseparable de ella.

sábado, 11 de abril de 2015

La validez racional ante el bla-bla de cualquiera:

Algo únicamente tiene validez racional-ética si se ha sabido valorar -o concebir sin alguna sinrazón-. Eso es, pero el saber valorar tiene su demostración al igual que todo saber. Conque se sabe valorar una cosa cuando, ésa cosa, no la has desprotegido, olvidado, abandonado, desatendido, descuidado o aceptado tal como no es.

Ése es el demostrar -superando lo que se dice o la charlatanería- que tú -verdaderamente- sabes valorar algo y ya, tras valorarlo, puedes usarlo para un beneficio de inteligencia o de sensatez.

viernes, 28 de noviembre de 2014


¿Qué es demostrar?

Pues utilizar las reglas imparciales de la razón, no las tuyas o las que convengan.

Y con tal procedimiento:

 predisposición para ser leal a lo racional, no censurar NUNCA lo racional,
 deshacerte de prejuicios e intereses ajenos a lo racional,
 delimitar un contexto, distinguir,
 profundizar y aclarar,
 no caer en contradicción, dar marcha atrás si lo haces, autocrítica,
 y concluir o afirmar con una sola conclusión -coherente- o afirmación, no con dos o cuarenta.
¿Cuáles son las reglas imparciales de la razón? 

- La razón la forman únicamente conocimientos objetivos, coherentes con los hechos o no parciales. 
- Todo conocimiento tiene origen y desarrollo, causa y efecto
- Todo conocimiento tiene así -en causa y efecto- su propia naturaleza -nunca metafísica, sino física-, que se desarrolla en un medio o en un contexto. 
- Los conocimientos originados y o desarrollados en un mismo medio o contexto tienen relaciones, propiedades comunes o se relacionan. 
- Todo conocimiento ha de ser siempre no contradictorio (Principio de no contradicción). 
- Todo conocimiento ha de ser abierto o libre de cerrazón a ser rebatido o complementado o superado por otro. 
- Todo conocimiento solo puede ser informado -comunicado- como conocimiento.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Responsabilidad:

Es únicamente darles una respuesta, una explicación o una justificación a tus acciones de convivencia social porque, inevitablemente, tienen unas consecuencias en la sociedad.

Por ello, hay una ineludible colaboración tuya para que exista sociedad o para que exista convivencia social; sí, y tal colaboración ha de ser siempre coherente o no arbitraria, o sea, racional.

Exacto, no puede haber una respuesta con tu arbitrariedad o con tu opinión -de conveniencia personal- ni una justificación con tu justicia privada al vaivén de tus altibajos emocionales o de tus caprichos.

martes, 14 de octubre de 2014


Todo ser vivo atiende por:

- Necesidad, en el imperativo de adaptarse y solucionar problemas.
- Curiosidad, en la búsqueda de algo que puede necesitarse.
- Preocupación -o alarma-, en la sospecha o en la precaución ante un peligro o posible error -por no perder algo-.

De estas tres atenciones -"naturales"- se adquieren conocimientos.

sábado, 21 de septiembre de 2013


Hay una verdad ética y hay una verdad racional, unas veces coinciden, pero no siempre.

-  La verdad ética es la que corresponde a cómo deben comportarse las cosas con respecto a unas reglas o valores éticos.
-  La verdad racional es la que corresponde a cómo realmente se comportan las cosas, y los valores aquí ya son sólo valores de funcionalidad, de relación en sus características reales, de causa y de efecto.

Ejemplos:  Una verdad ética es la solidaridad como imprescindible para una mejor sociedad, y una verdad racional que el ser humano es un ser social.


La dos están fundamentadas en la razón; lo que ocurre es que, la verdad ética, tiene el añadido del progreso singular y de la adaptibilidad social. Es decir, la verdad ética está determinándose por las características de una sociedad en concreto, de si es muy o poco tecnológica, de su esperanza de vida, de sus recursos de supervivencia, etc.

miércoles, 11 de septiembre de 2013


-  Un valor ético sirve para la convivencia, para la sociedad
-  Un valor personal -ético o no- sirve para la condición personal, para el terreno privado de la personalidad

La amistad, la sinceridad, la solidaridad, la honradez, la tolerancia, etc. son valores éticos.  La mayor o menor necesidad de soledad, de intimidad, de tal o cual experiencia propia, de compañía, de ocio o de placer, etc. son valores personales. 

Por otra parte está el desarrollo meramente orgánico, que ya tiene un valor inherente o prepersonal o preético -o sea, que éste está antes de la voluntad del valorar- y, además, el derecho humano: a la vivienda, al trabajo digno, a la justicia, etc. 

En consideración de eso, los medios para fines éticos han de ser en prioridad siempre éticos; pero, los medios para fines de valores personales, son en emocionalidad personales, porque la mayoría -muy sujetos a lo subjetivo- no tienen nada que ver con la ética. 

He ahí que el fin sí lo justifican los medios, dependiendo de un contexto u otro. Más claro, no toda actitud imprescindible -con sus medios- es ética, pues existe la necesidad de soledad; no toda aptitud imprescindible -con sus medios- es ética, porque existe el comer, que es algo consustancial de la naturaleza y anterior al mismo hecho volitivo -y la ética es volitiva-.

martes, 26 de marzo de 2013


Lo ineludible:


Todo se corrompe excepto la razón  -o sea, todo tiene la posibilidad de corromperse o al menor descuido lo hace, excepto la razón-; puesto que no se acomoda a intenciones o a intereses.

Ahí está el saber el bien y, además, el poseer la capacidad del advertir -en coherencia- cómo se evitan los errores y las injusticias.

Sin embargo, si a ti te dicen que todas las aguas se corrompen menos una, pero es ésa precisamente la que no quieres beber, eso significa que... eres condescenciente con la corrupción o que te han inculcado el consentirla o el permitirla.

Sí, inconscientemente, la corrupción es... deseada.  
Porque -por medio de ella-:

- se adquiere distinción de mejor persona sin tener las cualidades para serlo,
- se consiguen bienes -hurtados- o privilegios,
- siempre se consigue una protección (al ser fanático, de otro fanático; al ser ladrón, de otro ladrón...), a sabiendas que con el bien riguroso causas la envidia y el reproche moral en el otro (algo que no desea, pues desea que le bailen o le consientan su mal).

domingo, 30 de septiembre de 2012


¿Qué es demostrar?

Pues utilizar las reglas imparciales de la razón, no las tuyas o las que convengan.

En orden es:

 predisposición para ser leal a lo racional, no censurar NUNCA lo racional,
 deshacerte de prejuicios e intereses ajenos a lo racional,
 delimitar un contexto, distinguir,
 profundizar y aclarar,
 no caer en contradicción, dar marcha atrás si lo haces, autocrítica,
 y concluir o afirmar con una sola conclusión -coherente- o afirmación, no con dos o cuarenta.

jueves, 23 de agosto de 2012


Para tener una CONCIENCIA LIMPIA antes hay que tener una conciencia; y, luego, ya estará limpia, sucia o como sea.

Sí, he escuchado por boca de privilegiados, usureros, represores y de narcotraficantes eso de "tengo la conciencia limpia" y, además,se atrevían a justificarlo con "ni he matado, ni he violado ni he engañado a nadie". Nada más lejos de la realidad, puesto que ya colaborar con la droga es, con certeza, ser responsable y causante de sus CONSECUENCIAS. Y el tener conciencia es darte cuenta precisamente de eso. 

Claro, Hitler no mató con sus propias manos a nadie, él no, sino mandó a otros que lo hicieran. Así que, el tener conciencia, es el DARTE CUENTA de las consecuencias que pueden tener -o tienen ya en un presente- tus actos; por lo que has de tener necesariamente unos conocimientos objetivos de la realidad, además del atenerte a una condición ética con su autocrítica.

Sí, tener verdadera conciencia -sin alineación no libre, sin pasividad y sin indiferencia- significa el darte cuenta de cómo se causan las cosas -sociales o ambientales-, porque tú no las causes. Y, así, de cuantas más te des cuenta, mejor, por agrandar tu propia conciencia y al mismo tiempo corregir actos que es  lo que la harán limpia; o sea, es tu activo o volitivo compromiso ético con tus hechos lo único que la dejarán... limpia.

En eso, no se debe mezclar inocencia con conciencia; ya que un niño tiene plena inocencia y aún no tiene conciencia de casi nada. Cierto, inocencia es no conocer el mal ni los efectos de tus actos -porque no tienes tal capacidad-; por el contrario, conciencia es el decidirla lo antes posible, en un atento compromiso ético, al cual sí estás capacitado como cualquier ciudadano.

sábado, 28 de abril de 2012


Un ser vivo está basado en aprendizaje o en CONOCIMIENTO; y una sociedad está basada en conocimiento PARA CONVIVIR.

Conforme a eso, no se puede eludir el verdadero conocimiento -el que asume totalmente las reglas racionales- porque, como resultado, tal convivir sea  un convivir chapuza y no funcione.

No, para que funcione la honradez y no la corrupción, no se puede hacer con pareceres caprichosos o con reglas parcialmente inventadas de conveniencia -y por igual ocurre con todos los valores-.
Por ello, los protagonistas de la sociedad no pueden proteger a los conocimientos chapuzas para –en un destruir- fomentarlos mientras que, el que de verdad se esfuerza, es desprotegido -algo que, sí, dejaría sin efecto o como inexistente cualquier dignidad-.

sábado, 21 de abril de 2012


Sobre el ver:


El sentido de la vista de los seres vivos cumple su percepción real de ver algo en concreto siempre primero en función de sus instintos y, luego, de sus necesidades nuevas o creadas.  Así, ve por mandato condicionante de su instinto sexual a otro ser vivo de una manera objetiva, lo quiera o no su voluntad o sus decisiones adquiridas.

En el caso de los seres humanos, no es el sentido de la vista –como erróneamente se piensa– el que más determina la percepción de las necesidades creadas, sino el lenguaje del entorno, las palabras.  Sí, el niño, para construir su psicología, no distingue claramente las imágenes –o no está capacitado para atribuir a las imágenes ideas muy definidas-, pero sí a las palabras y a sus tonos –que quedan bien asociadas–, esto es, desde los primeros días de su nacimiento distingue la voz de su madre, los ruidos bruscos de los que son armónicos o afectivos.

También hay que señalar que el ser humano no es lo que elige; pues el medio y el lenguaje con los cuales se desarrolla ya están elegidos.  A decir verdad, elige condicionar mucho de su realidad, pero no puede restituir otro mucho de su realidad por la que se sustenta–.

Nota.- Sobre la intencionalidad del engaño óptico: 
Primero, un ser humano ve objetivamente antes algo de una forma estrictamente física y, luego –donde puede haber engaño–, lo ve conceptualmente –con una relación equivocada o no de conceptos–. Es decir, alguien puede hacer que otro vea parte lo que él quiere como, también, puede hacer que conozca los conceptos –evidentemente por medio de palabras– que él quiere; sí, eso es, a causa de una inadecuada o mentirosa información.

(Ante un niño de unos meses, cualquier imagen de las que son más horribles no le causa miedo; por el contrario, la brusquedad y el tono del lenguaje externo sí).

domingo, 11 de septiembre de 2011


Consideraciones para rebatir algo:


Estamos hechos de conocimientos -explicados o no- del medio en el cual vivimos -uno, "el que sea", pero no de un no medio, no de la nada- y, en tal ineludible condición, uno de tales conocimientos que conllevamos no puede ser un "no conocimiento" o un desconocimiento de nuestro medio.

Por lo tanto, cualquier conocimiento explicado o aclarado racionalmente ha de ser rebatido con otro conocimiento con base en nuestro medio, no con un "no conocimiento" o con un desconocimiento.

Eso se ha de tener en cuenta porque hay quienes -erróneamente- rebaten o replican con un "no conocimiento" o con un "metaconocimiento" o con un "metamedio" recurrido o metafísico. Así es, si todo conocimiento es del medio, tú no puedes rebatir con otro supuesto que no es del medio -que es "de donde sea" o es solo tuyo particular o imaginado-; claro, no puedes jugar sucio, no puedes contestar con unas reglas irracionales -o con una irracionalidad- a unas reglas racionales.

Se llamó "Metafísica" a la ciencia que quería explicar lo aún no explicado de lo físico, lo que es psicológico; pero, hoy en día, ya está elucidado que lo psicológico está en su medio -no en "su no medio", o sea, que es una manifestación o parte de lo físico.

En eso, dado un conocimiento explicado o aclarado racionalmente, éste debe estar abierto a ser rebatido, pero lo será racionalmente -no metarracionalmente-: se cuestiona porque se han de explicar unas pruebas que lo cuestionan, unas que son conocimientos.

A la ya explicada Ley de la Gravedad, no se puede rebatir con "es que cada cual tiene una idea de realidad diferente a la que yo tengo" recurriéndose a una metarrealidad y, por lo tanto, a una metarrazón como también a un metamedio para rebatir lo racional. Así, no se trata de ideas ni de ocurrencias ni de imaginaciones, se trata de que -si quieres rebatir racionalmente- tienes que aplicar pruebas conocidas por su explicación racional, no metapruebas, no pruebas del más allá, no pruebas desde otro medio al físico o al demostrable.

Si algo ya está demostrado como medicina, tú no puedes a lo fácil rebatir diciendo que tienes metapruebas de que no es medicina; ya, sin rodeos, o lo pruebas o no de una forma únicamente racional, no con una metaforma que en tu provecho te conviene.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

ATENDER Y COMPRENDER

El fondo de los valores éticos es... atender (por razón, por civilidad, por progreso, por amor, por esperanza, etc.) y comprender (en la consecución de más razón, de más civilidad, de más progreso, de más amor, de más esperanza, etc.).

No, no tienes un amor si -como algo ya primero- no lo atiendes, no tienes una amistad si no la atiendes, no tienes -en definitiva- nada ético si no atiendes.

Atender es interesarte (o sea, que la realidad o la vida o lo que conlleva te importa), es dedicar un tiempo en ello (porque ves que vas, luego, a conocer más la realidad y eso lo consideras útil), es esforzarte (puesto que tienes que renunciar -sobre todo- a la pasividad y a la mera contemplación, en la aplicación práctica de valores), y es admiración (en cuanto que te desprendes, paulatinamente, de tu egocentrismo y en cuanto que llegas a tener, ciertamente, muchos conocimientos de lo que te rodea).

domingo, 1 de marzo de 2009

RIGOR Y VERACIDAD
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Dondequiera que esté, cada información posee un contenido; pero puede, éste, no estar en consonancia con la realidad, porque no lo evidencian o no lo aceptan los hechos que en ella se suceden. Así que existe, antes que nada, un rigor que da progresivamente una consecuencia -en lo que se dice- de una mayor o menor veracidad.

Sí, tras haber leído bastantes ensayos, artículos y estudios de todo tipo, ahora se suele confundir -con frecuencia- no distinguiendo lo que es la argumentación -con sus reglas- de lo que es la opinión -algo muy determinado por una manera de ser que se expresa con lo que tiene, o sea, que expone una particular volición-.

Eso es, la opinión es una “posición tomada” -un apriori- o un convencimiento personal -algo siempre un tanto cerrado- que está condicionado antes por un creer, desde luego, por una creencia de lo que ya se concibe en el interior frente a cualquier aprobación o desaprobación de disquisiciones o de razones que posteriormente llegan del entorno.

Entiéndase, la opinión defiende -a toda costa- una manera de ser; la expone e, insoslayablemente, la propone (la opinión desde un principio no es elegible).

Por el contrario, la argumentación racional para todos conlleva, supone o “establece” -igualitariamente- una búsqueda de la veracidad, en claro, es búsqueda de elementos “para ella argumentarse”, para sustentarse ante todos, o ante cualquiera (pues, si cualquier cosa tiene unos requisitos para ser "lo que es", la razón tiene únicamente los que son suyos). Y, por tal sujeción, exige entonces una disciplina, un tener en cuenta muchas razones o conocimientos; e exige -de seguido- un análisis (valoración objetiva) de ellos, depurando o vislumbrando -después- un resultado coherente.

Con aforo a eso, muchos ensayos, tesis y estudios -en apariencia veraces- son erróneos; amaneran un conjunto de informaciones sin las reglas o criterios necesarios, y con tópicos, con prejucios, con “referencias” o utensilios o recursos que no se relacionan de forma directa o contextual, que nada tienen que ver con un estricto proceso aclaratorio o delimitado.

Por ello, si argumentar es búsqueda de la veracidad, en coherencia, sí, lo primero es esa predisposición: un amor a la verdad (su aceptación incondicional o sin restricciones). Lo cual implica el reconocerla siempre, de uno o de otro, sin preferencias mediáticas, sin cortapisas ideológicas, y sin privilegios corporativistas -puesto que, ya lo contrario, es no respetarla o no argumentar-.

Lo segundo, por eficacia, es la delimitación; a ver, ceñirse a algo en concreto por cuanto que, esto, evita el malentendimiento o la confusión. Y es que más vale el encontrar un poco de veracidad sin provocar alguna confusión que el encontrar mucho muy líado, no discernido, mal relacionado para el resultado final que ha de ser coherente. Es decir, no tratar de dos contextos al mismo tiempo -mezclándolos- y, ya, de seguido, el ir “madejándolos” de manera interesada -tan a veces inconsciente- hacia una obligada relación entre ellos.

Pero no menos importante es la elección de los recursos para una argumentación; porque muchos hacen acopio de citas, de dichos, de rumores, de teorías, de modas, de términos míticos o ficticios, de costumbres, de tendencias dominantes o chovinistas, de leyes milagrosas, de estados del bienestar al lado de tantas miserias, de supersticiones, de aprensiones apocalípticas o de excesiva alarma social e, incluso, de temas populares que sobredimensionan a unos contextos o los sobreprotegen -así, por el acto subliminal o demagógico- dentro de la realidad.

Todo tiene sus "medios adecuados", esos que sólo le producen a algo un efecto -una consecución- en concreto. Nunca se eliminarán los prejuicios, nunca, si antes no sabes seleccionar la información que te va llegando, dándole el valor -en un juicio muy crítico- que le pertenece con respecto a unos criterios adecuados para cada contexto.
No se ha de conducir eligiendo la información que un acompañante te ofrece, sino otra que sensatamente es la propia -por ejemplo-.

También, hay algunos -por casos, bastantes- que optan por conclusiones precipitadas después de no argumentarlas -aducirlas- y, al momento, las dan como válidas “imponiéndolas” en “revistas de prestigio” en las cuales, ellos, por influencia, tienen la publicación y el “éxito de engaño” casi seguro.
He contado cientos de esas argumentaciones.
Entre tanta mediación, es lógico -anteponiendo una cínica competitividad-, se desencadenan unas manipulaciones correspondientes; a sabiendas de que una coherencia que no se manifiesta en lo ético conduce, y no en poco, a lo mediocre.

En cuestión, la argumentación válida únicamente puede ser la que, en verdad, es menos refutable o no ha sido refutada; en virtud de que ya ha superado otras argumentaciones -contraargumentándolas con pruebas aclaratorias- por ser más sólida o más coherente.
No, no puede “imponer” uno una argumentación si ya tiene, al lado, en frente, de otro, una contraargumentación evidente, elucidada, aunque sea sólo una.

En fin, por último, reiterar que la argumentación nunca se defiende despóticamente ante las reglas de la razón menoscabando los valores de honestidad y de esfuerzo -en suma, de dignidad- que, de ella, se desprenden.
Y señalar que, habiendo ensayos de divulgación (repetir lo que otros han dicho, porque se valore, que bien está), mis trabajos no son de ninguna manera divulgativos en cuanto que, lo que mayormente contienen -con abundante precisión-, lo he dicho yo únicamente o es tan sólo fruto de... mi esfuerzo -que haberlo, haylo-.
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jueves, 25 de diciembre de 2008


¿Qué es el Sentido Crítico?

Pues la aplicación rigurosa de las reglas racionales a cualquier hecho real y enunciado -que pretende ser cierto- sobre él.

En contrastación o en verificación, ante esa BASE de las reglas racionales, el sentido crítico CUESTIONA todo lo que se dice en la sociedad (donde impera -por orden- el interés mediático, el rumor arrojadizo y el tópico que se fija).

Y lo cuestiona con un PROCEDIMIENTO de imparcialidad, es decir, dando una prioridad a las mismas reglas racionales sobre lo que uno mismo vaya a enunciar; por lo que aquí, en el procedimiento, es esencial la AUTOCRÍTICA: el DISCERNIR lo que es estrictamente racional de lo que no lo es de tu enunciado, esto es, el percatarte de que tu enunciado -con pruebas y con coherencia- DEMUESTRA racionalidad.

Lema de su aplicación:
- Lo que parece ser cierto -de lo que digan los demás y de lo que diga yo- aún no lo es, será únicamente cierto si se demuestra racionalmente y, además, rebate bien todas las argumentaciones que van en su contra.

viernes, 28 de noviembre de 2008

DETERMINISMO E INDETERMINISMO
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E.l determinismo es un concepto que debe siempre tratar de elementos y de contextos existenciales, no de “generalidades” o de inconcreciones; en cuanto que ya, ser un elemento, implica ser un condicionante para un contexto determinado, además, en cuanto que ya ser un contexto implica también ser un condicionante para los elementos que contenga, para que les posibilite unas interacciones.
Esto a la par de que todo es ya una causa y, de seguida, condiciona al participar en una acción: posee y adquiere un aspecto de determinación.

Es evidente que, sin restricciones, el determinismo es la consecuencia (el efecto) que responde al principio de causalidad, y no hay nada más cierto que eso: algo causó algo, dado que algo, ya por existir, es un principio activo, una causa por sí misma de actividad (o sea, ya existiendo algo, es causa en cualquiera de sus acciones).
Ejemplos: El movimiento es una causa de la acumulación de energía y, la radiación –que es también movimiento-, es una causa de la liberación de energía -lo permite-.

No obstante, pensemos en esos dos ejemplos que los he elegido con una segunda intención. La energía se comporta, de hecho, de diferente manera ante el movimiento, al comprobarse aun efectos contrarios; porque, el movimiento, se encuentra en contextos o “desarrollos” diferentes.
Lo que equivaldría a decir que todo actúa como causa, sí, pero no determina el mismo efecto si esa causa misma actúa en otro contexto (todo elemento de un contexto es, así, un elemento funcional de ese contexto).

En contradicción, la ciencia no ha dado su brazo a torcer porque un electrón responda, a la fuerza, a las causas de la mecánica clásica; a sabiendas de que, un electrón, o cualquier partícula elemental, “no busca” ya -de antemano- una estructura, no tiene esa funcionalidad a priori pero, el elemento que ya compone una estructura determinándose, sí está sujeto a esa funcionalidad. Lo que, por de pronto, significa que algo posee o no siempre una función dependiendo de su contexto.

Tolstoi insistía en que, el ser humano, es esclavo de la historia; desde luego, sin embargo no es esclavo de la historia que le queda por protagonizar o por hacer, de tal manera que, todo contexto -incluso el histórico- se encuentra siempre modificándose o determinándose con un presente activo sobrecargado de multitud de causas –y el ser humano interviene con sus acciones en ello, para una u otra finalidad suya-.

Bien, quiero adentrarme más en lo que estaba aclarando, sin tapujos. Un electrón se mueve en una gran diversidad de estados hasta que, una interacción en concreto, le hace “decidirse” en uno, establecerse en uno; por lo cual, se deja -su movimiento- determinar –aliarse- con la forma que efectúa o conlleva asimismo ése tipo de estados. Claramente, ahí, lo indeterminado ya no lo es tanto cuando, en realidad, participa con un estado, cuando de veras asume las consecuencias formales de ése estado -uno- con y para ser forma (determinación).
Digamos, por lo menos, que lo simple de ser electrón, liberado de donde sea o “en libertad” -en disponibilidad a las interacciones-, se excita “así” hacia la complejidad -hacia un compuesto más “complejo”-; porque, en tal determinación de complejidad, “participa” o se condiciona para un fin de complejidad estructural.
Ahí, en tal contexto, participa igualmente cualquier elemento, pues se halla o se hallará concebido o “animado” o proyectado a vincularse en y para ser una estructura más compleja.

Algo no menos importante es que, al ser una “vinculación participativa” para sí misma (“independiente”, pues existe la independencia funcional, no la de lo físico o la de lo efectual), es inevitable hablar ya de una inherente gravitación: por el hecho ineludible de ser ya estructura concreta determinándose y, al ser ineludible, gravita en torno a ella. Por su masa, desde luego, pero -en el fondo- referirse a la masa es un modo de no referirse directamente a ésa estructura determinándose compleja que más responde a su contexto existencial, esto es, se trata de un orden que interacciona, ante todo, antes por y para sí mismo; con respecto a otro orden -por ejemplo- al cual no responde igual un fotón.
Y resaltando que, una estructura determinándose más compleja, no puede prescindir de cierta dependencia también con respecto a otros contextos; así es, los electrones de los átomos de otra estructura saltarán a los suyos cuanto más cerca se encuentre porque, los diferentes contextos, no pueden eludir la “interacción en general” o la disponibilidad de sus “principios activos”.

En definitiva, los contextos, sí, están y van modificándose constantemente y, por esa modificación, efectual, pueden ser posibles causas infinitas en sus acciones.

Por último, en concreción, que el fuego enciende un cigarrillo es cierto, pero sólo encenderá al cigarrillo que nosotros queramos o determinemos así, o al que una modificación de su contexto propiciará para hacer encender precisamente uno.

A las causas, un contexto modificándose las “elige” o las propicia; no, nunca el divino azar que no existe o es una leyenda humana, muy contagiable. Y, en ese sentido, el ser humano modifica algo su contexto -o también puede hacerlo para el futuro-; él determina -o puede sin duda determinar- algo su contexto: he ahí su libertad.

Nota.- Los enlaces que utilizo para algunos términos o conceptos no dan, de ningún modo, una definición con rigor o la deseada por mí, sino que -al menos- aclaran algo.
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miércoles, 12 de noviembre de 2008

LA PARADOJA DE RUSSELL
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Todo obedece –en continuidad- a un orden; es decir transcurre “lo que hay” por interacciones derivando “lo nuevo”.
Así, la realidad puede perfectamente concebirse como una construcción desde el orden que le precede, que le conforma, que le “ordena” –en el sentido de derivación, de delimitación- y no precisamente por un mandato determinista -porque también se construirá con las condiciones de lo nuevo-.

Algo “es” porque “sigue” vinculado a unas “pre-consecuencias” ante unas consecuencias que aún no las son; pero “continúa desde” el procedimiento natural que le es propio, al cual pertenece (en matemáticas se entiende que “está incluido” en una clase, categoría o conjunto de equivalencias).
Por supuesto, el ser humano es “a priori” un procedimiento energético unido a un procedimiento biológico y, además, unido a un procedimiento social; significando esto que “sigue” tres órdenes prioritarias que, a su vez, interaccionan o que nunca de modo alguno pueden excluirse para seguir conformando al ser humano.

Por eso lo más elemental de las matemáticas –lo que está en consonancia con lo empírico- denota la realidad o es la realidad; de hecho, distinguiendo una serie de analogías, es decir, “separándolas” racionalmente tras advertirles unas no-relaciones o diferencias.
Veamos, x –“ser energético”-, w –“ser biológico”- y z –“ser social”- son condiciones -o elementos- contenidas en el conjunto E, cuya condición se establece en “ser existencial”; esto equivale a decir que x, w y z pertenecen o están incluidos en E. También todos los elementos semejantes a x formarían el conjunto A, todos los semejantes a w el conjunto B y todos los semejantes a z el conjunto C; unos subconjuntos de E.

Un ejemplo: Llamemos V al conjunto de la vergüenza humana correspondiendo a que cualquier complejo turístico en el litoral ha de contar con un sistema de seguridad o de detección de seísmos.
Pero imaginemos, a la par, que a unos cuantos les gusta el negocio al margen de la seguridad con el consentimiento de todos los responsables políticos a los que les encanta las Cumbres, pues esos ya comportarían otro conjunto cuyos elementos no pertenecerían a V, ni serían semejantes a los V correspondiendo ya a otro criterio, el de “lo que ha de venir vendrá” con pasotismo implícito y sin mucha preocupación sobre lo que se hace.
Así que, cuando millones de personas ya se hayan instalado en el litoral buscando una mejor vida, de inmediato serán expuestos a un peligro que nadie les advertirá, ni los gobernantes ni esos empresarios muy guapos y muy importantes (que suelen decir “tenemos buenas intenciones”).

Pues bien, “ser responsable” es una condición que se encuentra dentro del conjunto cuya condición más general es “ser social”, o le pertenece.
Llevado al terreno lingüístico, en una oración predicativa el sujeto “es” o posee propiedad de algo: “Juan es huérfano, es rubio, es…”; lo que depara una clase de elementos que son propiedad “identificativa” de Juan. En realidad, son elementos que lo caracterizan o que lo identifican a él como conjunto o... como resultado (sería el conjunto de los caracteres de Juan).

En la lógica de proposición, asimismo, existe un paralelismo: Dados los elementos de un conjunto M y H, cualquier elemento podría pertenecer sólo a M, sólo a H o bien a M y a H al mismo tiempo, aunque incluso podría no pertenecer ni a M ni a H.

Entonces, si una proposición o condición pertenece a dos conjuntos cualesquiera, esos dos conjuntos comparten algo en común, una relación de identidad, una concreta semejanza. Por ejemplo, siendo M el conjunto de todos los animales que viven dentro del agua y H el conjunto de todos los animales que viven fuera del agua, un anfibio pertenece a ambos conjuntos, o sea, es elemento común entre los elementos propios de M y H.

En cambio, supongamos dos conjuntos: N cuya propiedad sea “no ser” y S, cuya propiedad sea “ser o no ser”. Aquí, N siempre pertenecería a S, luego es un elemento de S. Pero si n “es” un elemento de N así, al momento, se determina que si decimos que n pertenece a N, entonces n “no es” un elemento de N, y no le pertenece (esta es la paradoja de Russell).

Establezcamos que N sea “el conjunto de todos los conjuntos que no son miembros o elementos de sí mismos”; pues así, si aplicamos que N pertenece a N, el cual por criterio no pertenece a sí mismo, entonces N no pertenece a N. Es decir, N pertenecerá a N si y sólo si N no pertenece a N.

Bien, el error se desencadena por descuidarse el principio de que todo conjunto deberá atender a que siempre sostenga una propiedad existencial o real de sus elementos, en cuanto a que “algo” tiene” que “ser” forzosamente para considerarse un elemento (esto es, un elemento que no existe, lógico es que NO PUEDE SER ELEMENTO para algún conjunto).
Por consiguiente, tanto el conjunto de “lo que no es” como el de “lo que no existe” o el de “lo que no se pertenece a sí mismo” no poseen elementos y, al no poseer elementos, no pueden considerarse como conjuntos.

Primero, para que un elemento pueda pertenecer "a cualquier conjunto" ha de partir con un criterio claro -y no imaginario- de que “ya” pertenece “por seguro a un conjunto", en concreción.
No se puede decir “el conjunto de todos los elementos que pertenecen a otros conjuntos” porque conllevaría abarcar todos los elementos o el conjunto de todos los infinitos elementos; eso, claro, nunca posibilitaría concretar de qué elementos estamos hablando, de si existen o no e, incluso, de si pueden compatibilizar una relación o no (es el caso del “conjunto de lo que yo vivo y de lo que no puedo vivir de la realidad”; aquí, como verán, todos los elementos sí existen, pero son incompatibles, no relacionables).

De antemano, irracional o imposible -en la lógica- es proponer al “conjunto de todas las personas que no pertenecen a su conjunto, sino a otros”; ya que primero se ha de considerar que, si existe algo como elemento de un conjunto, es porque forzosamente "ya" se ha determinado o demostrado que “es”, siendo ya "partícipe" de un conjunto, el "inmediatamente suyo”.
He ahí que es necesario el criterio “auto-identificativo” (o el Principio de Propiedad únicamente aportado por mí, menospreciado por “irracionales que, quizás, odien a la sabiduría” pero que sustenta esencialmente a los demás principios) para proponer un conjunto, el que empieza –explícita o implícitamente- por “es”, no por lo que “no es”.

En “el conjunto de todos los seres vivos que no sean animales” ya sabemos que la condición identificativa es “ser vivo”; pero no ocurre igual en “el conjunto de todo lo que no sea un ser vivo” pues, de ese “todo”, no podemos alcanzar una identificación mínima para concretar o verificar la existencia de tal conjunto, ni aún menos la de sus elementos (o sea, no se atiene al Principio de Propiedad, siempre imprescindible en lo racional o, si quieren entenderlo, es aún más imprescindible que la ecuación energética de Einstein).

Para cualquier conjunto hay que saber primero si tiene elementos propios y, también, cuáles son los elementos -existentes-que le pueden ser propios.






¿ES EL CERO UN NÚMERO?
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Las matemáticas están fundamentadas en un orden numérico; algo aplicable, desde luego, a la realidad sustentada en un orden de prioridad de unos principios que se armonizan con un orden funcional.
La numeración natural empieza en la unidad -se constata una primera cosa- y continúa uniéndose a otra unidad y después a otra hasta llegar, sí, a las mismas posibilidades de esa acción, mientras se pueda contar -también se puede descontar, proyectar la numeración hacia atrás-.

Sin embargo, el hecho o la acción del contar sólo es viable -sólo existe- ya una vez que se establece iniciáticamente por seguro la unidad -la base sobre la cual se desencadena un orden armónico-, es decir, el "primer número de cosa"; he ahí que, con cierto ritmo o ilación, el desarrollo ascendente o descendente del contar se acciona, se activa, comienza -comienza con algo ya contado-.
Pero he de advertir que la numeración de referencia ha de ser siempre la ascendente; por lo que el primer número (número radical) "forja" o implica el desencadenante verdadero de una numeración ostensible.

La unidad base, cuya misión es dirigirse hacia "un algo más", digamos, hacia una inercia ilativa, de seguida se dobla, se triplica…; luego la numeración supone -"debela"- una confluencia de un mayor significado o de una complejidad contada a medida que se separa de su base.
Esto es, llega a ser más complejo su último número desencadenado, generado más bien desde un primer elemento.

Siendo eso así, esta numeración base -para cualquier expresión polinómica- es posible permutarla por otra que sirva en efecto para expresar otros aspectos de la realidad; y para ello sólo necesita una "táctica", al instante, que se someta a una regla que regularice todos sus elementos a partir de uno complejo dado o… resultado, previsto como resultado.
Entonces ese sistema podría ser de numeración octal o, bien, que todos sus elementos "atendieran" a un tipo de operación o etiqueta matemática; por lo que, en adelante, se lograría un conjunto de elementos -de números- a los que se les impondría una "condición" o "dependencia con respecto a un resultado", a una operatividad aplicada o activa en tal… conjunto.
Por ejemplo, que para ser uno de sus elementos ha de estar fraccionado o presentar un cociente expreso: 1/5, 5/3, 7/2, etc. Y significa esto que la complejidad la determina o la "hace" -un ser humano- mayor o aún más compleja, puesto que cualquier número puede, mediante la operación que conlleva, que "arrastra", expresar ya un resultado periódico o casi infinito (¿no?, cualquier numerador puede estar sometido de inmediato a un denominador como 8 -valor infinito-).

No obstante, en cuanto a lo esencial, la numeración base con su ya primer número base es "indeleble", o sea, nadie, nadie que hable de matemáticas podría prescindir de tal "trasunto" a partir de esa base o de ella misma; pues el primer número que "dice" de verdad es aquél que no se ha resuelto de lo "intrincado", sino que se decanta o se produce con una referencia más o menos directa a la unidad, y éste es el 1, el que dice "ya"… una cosa.

Además, el 1 posee una capacidad inherente para que los demás se autoidentifiquen cuando operan con él. De hecho, todo número multiplicado o dividido por 1 conduce a él mismo, todo número elevado a la potencia de 1 también.
Llevado a la probabilidad, bien, toda probabilidad de un suceso seguro es siempre 1; por eso la probabilidad de la ley de Gravedad para un ser humano situado en la Tierra es 1.

Pero el problema auténtico del 1 en las matemáticas es, al menos, un desentendimiento con el 0; puesto que mientras algo no es 0 -al no poderlo ser- ya es, ya pertenece al 1 o es un mínimo de 1.
En principio, el 0 anula a cualquier número en cualquier operación: al multiplicarse, al dividirse, etc. Al sumarse o restarse 0 ni siquiera se advierte operación o operatividad.
En matemáticas cualquier número elevado a 0 resulta 1 -he ahí la unidad-. La proporción 0 no existe, anula asimismo la operación. Empero sí, sí existe el resultado 0, el vano trabajo operativo para llegar a nada, o sea, para ajustar algo a como se empezó: con "nada".
Entonces ¿se referencia el 0 sólo como resultado -y no como base numérica- de una u otra elucubración humana?, ¿existe el 0?, ¿la cosa 0?

Bien, una cosa ya es, se registra -le es propio- realmente cuando no es "nada", no es igual a "nada"; por lo tanto toda alusión numérica responde a la mínima referencia de 1.
Sí, cualquier número es un número inferido de 1, no de 0; mejor decir que la "cosa A" siempre será 1, no 0.
El 0 puede ser borrado, evidentemente ser prescindido -las decenas, las centenas, etc., pueden considerarse con otro distintivo, al igual que los resultados que equivalen a 0-. ¡Ah!, en la numeración romana no existe el 0 y sí el 1 simbolizado por I. Luego es "eliminable".

Algo último, en matemáticas todo número elevado a 0 (A°) da como resultado 1, lo que quiere decir que en la potenciación cuya base no sea 0 expresado no existe el resultado 0, aun sea la base 0 elevada a 0; paradójicamente la potenciación del 0 con un índice 0 es 1, paradójicamente la potenciación de 1 con un índice 0 es 1, paradójicamente la potenciación de -1 con un índice 0 es también 1.
Luego un valor numérico negativo elevado a "nada", es "algo", es 1 -una paradoja-.
Sin embargo, si el 0 no posee ya un valor numérico, por lo tanto debía al instante anular -dejar intacto el valor con el cual opera- en cualquier operación o conducirla a 0 ( 2+0=2, 2o 0=0, 2:0=0, 2/0 es imposible al presentarse como una no fracción); lo que no ocurre en -1 elevado a 0 (-1º), en donde no se admite más que un resultado impuesto: 1.

Si todo número cuando opera con 0 en realidad no opera con "nada", en consecuencia, no se debería producir un resultado en la operación. Si Aº = 1, y sólo Aº/Aº=1, luego a Aº se le considera una fracción "no expresada" o que no expresa un cociente a priori; por lo que Aº actuaría como fracción omitida, no en realidad como número entero.
Pero ¿dónde está el A del Aº como un elemento de los números enteros, el cual debería corresponder a 0?, ¿no?
¿Acaso es Aº un elemento universal de todas las numeraciones -al instalarse como una… expresión omitida-? Si es así, si así es, ¿cómo se puede perfectamente prescindir de su índice 0 como un valor no operativo?, ¿puede el valor 8 -valor infinito- elevarse a 0 y resultar 1?


Apostilla:
Señalar que, en cualidad, nadie tiene cero esperanza, ni cero amor, ni cero nostalgia, etc.; por lo tanto, es una indicación que nunca indicará racionalmente nada, una contradicción, una locura.
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martes, 11 de noviembre de 2008


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Los sofistas y la retórica
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Cuando en el siglo VII a. C. apareció la polis griega, la ciudad-estado, asimismo se creó la cultura incentivada –por mecenazgo- y protegida ya por una “intelectualidad”: la cultura policéntrica.
En el corazón de cada ciudad vivían los ciudadanos para una instrucción que no era exclusivamente la de la guerra porque, en ese contexto, trabajaban además para dar un esplendor organizativo –de convivencia- utilizando los beneficios económicos que les llegaban de la colonización.

La ciudad-estado garantizaba, sin duda, una estabilidad para que la cultura se sujetara, al fin, en una ocupación diaria de aprender, o sea, en la vocación, en esa tendenciosa forma de vivir para que trascendieran los conocimientos. Por medio del proselitismo, por medio de la “escuela”, por medio de la instauración de grupos se celebraba una particular transmisión de valores religiosos, éticos y políticos significativos para el futuro.

Sin embargo, lo más importante -en ese contexto- era que la actividad conjunta de todas estas escuelas incidía en la sociedad a modo de catarsis, a modo de “abrirse” intelectualmente despertando de seguida actitudes críticas, al contrastarse las diferentes posturas que prodigaban más o menos retoricismos o demagogias o superficialidades en torno a la acción mítica sobre los seres humanos.

Entre los siglos V-IV a. C. se produjo en Atenas el mayor mecenazgo de unos “profesores itinerantes”, de unos profesores-filósofos que ocupaban las plazas o el medio público para llamar la atención (porque el saber siempre debe llamar la atención; de hecho, es una llamada para que se atienda al conocimiento) o convencer a los demás con sutilezas retóricas –gracias a la erudición- de aprendizajes o de valores que consideraban imprescindibles para el espíritu de la democracia o para la cultura ateniense.
Los había de todas las intenciones y, de ahí, el motivo que hasta hoy se les infravalore a los sofistas como meros “charlatanes” con escasa argumentación sólida; aun cuando animaban la actividad intelectual de su pueblo.

El sofismo, hoy en día, está cargado prejuzgadamente de connotaciones antifilosóficas; y es cierto, sí, pero sólo en parte.
El caso es que, la retórica o el a veces desmesurado montaje dialéctico de esos asalariados eruditos, sólo era una estrategia para influir a una conciencia o crítica comunitaria en pos de que se movilizara en una dirección u otra realzando, así, la tan necesaria dinámica política.
Eso, en efecto, ha permitido que, en política, cada cual tenga derecho a su verborrea más o menos convincente porque sea aprobada o no por una mayoría; eso, el que por lo menos sea lícito el hacerlo y el que las mentiras, subyacentes siempre en cualquier sociedad, sean ya expuestas o exhibidas ante los ojos críticos de todos, librándose ahí del miedo y de la hipocresía que conlleva.

Ellos, los sofistas se mostraban a menudo como esos bufones dispuestos a distender un ambiente cohibido aunque, a decir verdad, muchos eran ya charlatanes de puro sin-remedio por los tópicos que no eran capaces de superar contra sus ignorancias. Algo que sí lo pudo lograr un eclecticismo posterior o tras “lo verosímil aristotélico”.

Es muy preciso señalar, con el objeto de que no siga una pertinaz confusión, que Sócrates se guió por una forma de pensar totalmente diferente, más individual y autocrítico, que nada tiene que ver con la naturaleza ampliamente sofista aunque, sí, por supuesto, quería influir de la misma manera itinerante o pública a los jóvenes de Atenas.
Pero, él, veneraba ya un código de conducta, carente de vanagloria o pedantería, además de que sostenía en su argumentación un método racional en donde no todo era válido, y en donde se contaba con la posibilidad de una contra-argumentación del otro, esto es, que podía por lo menos rebatirlo y... lo aceptaba.

Sócrates nunca se creyó un poseedor de la verdad, sino que buscaba la verdad a través del conocimiento; en cuanto a que nadie posee la verdad, solamente se llena de verdad –inevitablemente- defendiendo y construyendo, no con pocos esfuerzos, una coherencia sobre los conocimientos que busca y acepta o no de acuerdo a lo que existe. Sócrates, por ello, se enfrentó a los sofistas y les reprochó tanto la vacuidad de sus argumentos que seguían “de unos a otros” como la ostentación o el enriquecimiento que alcanzaban con sus misiones “didácticas”. Su pensamiento, o su integridad, estaba por encima de cualquier etiqueta.



Nota:
El ser humano sólo alcanza las verdades que puede alcanzar (los millones de detalles que significaron "la revolución francesa" no, nunca, ni los kilos de hierba que comieron los dinosaurios).
En cuestión, sí, depende de una concreción, de cuál verdad en concreto queremos saber y, entonces, atendemos a una búsqueda delimitada; por ejemplo, de si existieron los dinosaurios o no (y ahí ya no caben mitos, de ninguna manera, pues existe la probación sobre eso).
Desde luego, los mitos existen en la Historia al igual que todo (la manipulación, la censura, el humor, etc.) y, porque está todo lo que el ser humano implica, niega o puede hacer, hay que distinguirlo, separar unas cosas de otras.
Así es, un médico no puede considerar o incluir en el historial médico de un enfermo que "le gustan las películas de acción"; digamos claramente que, en coherencia, se remite a lo que es racional de acuerdo con la verdad en el ámbito de la salud.
Los hechos que se cuentan históricamente pueden ir adornados de mitología, sobre todo los personajes; pero otra cosa es la probación de un hecho, de si existió o no el genocidio nazi por ejemplo. Y ahí no caben mitos, es una probación (verdad) de si existió o no.
Una cosa es el mero relato o crónica -que todo el mundo lo sabe hacer y, casi siempre, a su favor- y otra muy diferente lo probatorio sobre nuestro pasado, lo que se respalda con pruebas.
Pues así es todo, hay que saber qué verdad se busca; y luego buscarla.
Galileo no se encontró la verdad de "la Tierra gira" entre las manos o debajo de la cama, sino la buscó, es decir, se interesó por la verdad emplazándola en su quehacer diario.







LA COSTUMBRE EMPÍRICA DE HUME


Considera David Hume que todo aviene al suceso no para comprenderlo en plenitud -o para saber de él- sino para sucederlo, por pura experimentación y, racionalmente, como costumbre.

La costumbre nos hace "inferir" la existencia de un objeto a partir de otro al cual se encuentra conectado o al cual tiene una relación en la “contigüidad” de tiempo y lugar, en la “prioridad” de un movimiento como causa manifestándose eso, a su vez, mediante una “conjunción constante”.
Así, aunque la razón advierta la causa, en cambio en adelante sin más condición nos hará inferir un mismo efecto por siempre, por costumbre para que el entendimiento se anticipe a cualquier otra experiencia.
Es, pues, la costumbre - como entendida por Hume- lo que nos hace suponer que algo va a ser siempre de tal determinada manera, o sea, así como sucede y, por ello, dar por sentado que el futuro es conformable al pasado.

Es cierto, sí, que todo puede considerarse sin más como costumbre (las estrellas tienen la costumbre de ser energía, los seres vivos la costumbre de morirse, etc.) pero, la costumbre, no es pasividad en donde la introspección o la voluntad no cuenten.
De hecho, cualquier ser vivo conoce para “conocer más”, así es, y no se parte de un “entendimiento en plenitud” –de una absorción de toda la realidad, algo muy criticado por mí-, lo que significa que lo que sucede “ya es” como “realidad hecha” más que como un determinante inamovible de lo que luego vaya a ocurrir; porque el ser vivo adapta sus conocimientos para asumir o concebir “lo nuevo”, los imprevistos –no es un crédulo para seguir un cierto automatismo establecido de obediencia ante el futuro, es decir también maneja su abanico de posibilidades, su susceptibilidad racional ante lo que venga-(1).

Por eso, la costumbre es tan racional que conserva lo conocido –porque no se olvide-: todo proceso posee su historia por seguir siendo proceso o, bien, se alimenta la continuidad de lo pasado.
Esto es fácil de entender, claro, el conocimiento ha de ser obligatoriamente una retroalimentación para que se conduzca en conformidad a la realidad que asimismo lo hace; en este sentido todo desarrollo es coherente consigo mismo al llegar a “un presente”. Lo que pasa es que un desarrollo traslada o proyecta lo que tiene (“lo dado” o “lo tenido”) ante lo que le transcurre en ese instante y ante lo que afrontará en un tiempo posterior; ¡ah!, pero no puede prescindir de lo que tiene, pues, ya es realidad y ya ha sido “de hechos”.

Otro asunto es la costumbre en el contexto cultural, en el cual diferentes intereses o privilegios tienden a ser sobreprotegidos a través de leyes, de normas atávicas, de dogmas o de mitos.
En efecto, aquí la costumbre evita en parte una evolución racional –o de ética racional-, en cuanto a que es utilizada para servir a unos y a otros no.

Cierto es, muchos dirigentes de una sociedad inculcan de una manera prioritaria sólo la condescendencia hacia ellos y se escudan por el respeto a las reglas que a ellos les constituye condiciones de privilegio.

En cuestión, sí, la costumbre no contrarresta lo esencial porque, aunque exista una en particular que es forzada por unos poderes oligárquicos para sus propios beneficios, por lo general el ser humano también tiene costumbre de rectificar, de aprender de sus errores –que eso es precisamente el conocimiento- y se habitúa con ello –sin remedio- a evolucionar.

Es un error lo de “El hábito me determina a esperar lo mismo para el futuro” que postula Hume; el hábito, de entrada, nos mejora, nos mejora para comprender o reconocer nuestro entorno, en la asimilación del hábito natural –el de la naturaleza- sobre todo.

En la naturaleza, lo habitual es lo preferente por razón de que, en el fondo, tal postura o propiedad existencial rige un orden, rige lo ordenado porque infiera en existencia; conforme a que el caos o el desorden no lo dispensa, no dispensa un orden o ciclo existencial (2).

Nuestra mente se habitúa a guardar conocimientos, es así, y es imposible lo contrario si quiere conocer la realidad; pues, una célula prebiótica –por ejemplo- no puede habituarse a este presente real, a éste, tan sólo a lo que está en continuidad cognoscitiva con ella, o tan sólo a lo que atiende a su orden e, inevitablemente, tal orden no es de modo alguno esquivable por un ser vivo, sino es en gran parte ya cognición y en otra cognoscible en cuanto queda vinculado a un desarrollo.

Hume se obsesiona en que el futuro es improbable racionalmente (el futuro no es que sea probable o improbable, sino que es algo aún no-hecho, aún no experimentado para que sea abordado plenamente por la razón); bueno, quizás quisiera él tenerlo como cierto, ya real, ya determinado como el presente (el futuro es la indeterminación frente al pasado y al presente y, si fuera determinado, todo -hacia lo mismo- estaría determinado), pero eso conllevaría al fijismo que no permite nada, al extremo mismo de la no experimentación (la no-experiencia, estar fuera de sí, de la realidad que transcurre).
Mejor aclarado: conocer es comportar lo que va sucediendo, lo que está o está dado o lo que “ya ha venido”, no viene todo de golpe o… no está todo transcurrido.

Por lo tanto, es inviable un conocer sin que transcurra la realidad, y aún menos un saber sobre una monorrítmica realidad -que acabaría por anularse al no proporcionar una capacidad de interacciones suficientemente diferentes-.
Al conocer “per se” le son inherentes los hechos sucesivos, le es inherente el suceder continuo -¿cómo concebir un suceder discontinuo o involutivo(3)?- y, por consiguiente, es una cohesión en suma, un resultado en donde los elementos “se han conocido”, “se han entendido suficientemente”, se han reconocido unos a otros.


He ahí la importancia que doy a la coherencia en virtud de que a la misma realidad le es, de hecho, sumamente esencial.


(1) Una primera célula “no conoce” que va a participar como molécula, pero luego lo conocerá.
(2) En la naturaleza algo se ordena habitualmente de tal o cual manera, predisponiendo esta capacidad unas leyes reales o propias de la realidad que transcurre.
(3) Pues sería una evolución caótica, sin orden, sin progreso, sin conformación de algo interaccionado; en realidad no sería nada, antiexistencia.

Nota:
Hay que tener cierto cuidado al hablar de "costumbre": Tú estás acostumbrado a algo porque, sobre todo, tú te dejas acostumbrar (es decir, pones de ti, es eso voluntarioso). Sin embargo, fuera del contexto humano, la costumbre no viene -en cierta manera- al caso o... tendría otro significado, otro concepto.




José Repiso Moyano